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La Iglesia, indigestada por comida chatarra

Roy Soto
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La Iglesia, como institución liderada por seres humanos, enfrenta muchos desafíos. Uno de los problemas centrales de la Iglesia, a mi parecer, es su alimentación. No hablo de desnutrición, sino de la abundancia de «comida chatarra» que se consume en la Iglesia y que causa indigestión en su membresía.

La comida chatarra es una elección popular debido a una combinación de factores, como el sabor, la conveniencia, el precio y la publicidad. Los alimentos procesados y ricos en grasas y azúcares pueden activar los centros de recompensa en el cerebro, lo que lleva a una sensación de placer y satisfacción. Además, estos alimentos suelen ser más baratos y más fáciles de encontrar que los alimentos saludables y frescos. La publicidad también juega un papel importante en la promoción de alimentos chatarra, lo que puede influir en las elecciones alimentarias de las personas.

Sirva la analogía que se hace aquí es que, así como la comida chatarra es fácilmente accesible y atractiva, algunas ideas y prácticas religiosas también lo son. Al igual que los alimentos chatarra pueden ser perjudiciales para la salud física, las creencias y prácticas religiosas incorrectas pueden ser perjudiciales para la salud espiritual.

En la historia bíblica, Dios fue muy estricto con el pueblo de Israel en cuanto a la separación que debían tener con los demás pueblos. Una deliberada interacción con otras culturas podría resultar en una contaminación progresiva. Israel, sin embargo, no obedeció, y esto trajo como resultado una pérdida de su identidad y genética.

En la actualidad, la Iglesia, especialmente en América Latina, parece correr detrás de toda promoción de comidas rápidas. Los pastores se preparan comidas balanceadas con proteína, ensalada y postre sin azúcar para sus congregaciones.  Pero a su vez, por sus vacíos, carencias de formación bíblica, presión social de otros colegas o ansias de trascender y colarse entre los mega pastores, o por su sincero anhelo de servir mejor a su congregación, corren a cualquier país donde se anuncie «la última receta de crecimiento, herramientas del liderazgo multi-moderno, técnicas de trascendencia» y el querer escapar de la condenación de no tener coberturas o paternidades ministeriales.

Esto se convierte en una diversidad de comidas preparadas de diferentes maneras que el pastor termina consumiendo y luego traspasando a su congregación. La semana anterior comieron saludablemente, pero este fin de semana, el pastor regresó de sus peregrinaciones con una nueva receta que, de ser analizada bíblica y psicológicamente, es una contradicción con lo servido anteriormente.

Lo lamentable es que las víctimas de esta ingesta de lo que sea son la congregación, que ya está bombardeada con todas las herejías que ve y escucha en los medios de comunicación que se hacen llamar «cristianos». En lugar de recibir una desintoxicación en el único lugar medico (la Iglesia) salen peor de enfermos, aunque no se quiera aceptar.

Los efectos de este problema digestivo se reflejan rápidamente en ver a las personas como nómadas de Iglesia en Iglesia, buscando en otra escala lo mismo que sus pastores, ‘mejores pastos”.

Hoy es más fácil llenar un estadio para vivir un éxtasis emocional que abarrotar un templo de 100 personas para orar o estudiar biblias.

Atraer a los pastores a un evento está totalmente dependiente a si es algo que promueva éxito y crecimiento, pero si tiene que ver con, ser confrontados en nuestra forma de ser y hacer Iglesia, pocos muy pocos sienten confirmación del Espíritu Santo de apoyar el evento.

Me surgen varias preguntas , ¿porqué la pastoral no somos más fieles a nuestras  recetas? ¿Porqué la necesidad o necedad de andar buscando esas comidas rápidas, refritos con grasa trans?  ¿Cuáles son los filtros hermenéuticos y apologéticos que usan los pastores, clientes frecuentes de las fast food para procesar lo que están recibiendo?

Mi amigo, mentór Juan Stam me dijo un día “Querido, la Iglesia de hoy es un hibrido de muchas cosas, tanto a tragado que está deformada”.

De seguro te estarás preguntando ¿cuáles son esas comidas chatarra?  Humanismos, teología de la prosperidad, liderazgo autoritario, manipulación con base en el espectáculo, el evangelio fácil, servilismos maquillados de Igle crecimiento, Dios como el sirviente de caprichos, (decretos, confesiones y declaraciones), liderazgo narcisista, estructuras eclesiásticas de control y poder y mucho más.

Ante este escenario, la urgencia de una desintoxicación es urgente y los primeros que debemos ser atendidos somos los pastores, pero por supuesto qué se necesitará un milagro para que los pastores reconozcamos nuestra enfermedad. 

Hoy las congregaciones gimen con dolores intestinales por la ingesta de comida chatarra que los pastores les hemos dado. 

Por lo tanto, en lugar de buscar la última moda o tendencia en la comida espiritual, deberíamos centrarnos en las enseñanzas fundamentales de la fe y ser fieles a ellas. Los pastores deberían enfocarse en estudiar la Biblia y llevar un mensaje claro y coherente a sus congregaciones, en lugar de buscar atajos para el crecimiento rápido de la iglesia.

Además, la iglesia debería ser un lugar de comunidad y apoyo mutuo, donde se fomente la alimentación saludable tanto espiritual como física. Los pastores podrían ofrecer talleres de cocina saludable, compartir recetas y fomentar el ejercicio físico y la vida saludable. La iglesia podría incluso crear su propio huerto orgánico o apoyar a los agricultores locales para proveer alimentos frescos y saludables a sus miembros.

En conclusión, la iglesia está sufriendo de indigestión espiritual debido a la comida chatarra que ha estado consumiendo. Es hora de dejar de buscar atajos y modas en la comida espiritual y centrarnos en las enseñanzas fundamentales de la fe.  Volver a la biblia. La iglesia debería ser un lugar de comunidad y apoyo mutuo, donde se fomente la alimentación saludable tanto espiritual como física.

Los pastores tienen la responsabilidad de guiar a sus congregaciones en este camino y llevar un mensaje claro, coherente de la fe y sobre todo saludable.

Déjame tus comentarios. Gracias

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