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Confiar en la fuerza del humor y del silencio

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Cuando era “profe” de instituto entraba en clase y sencillamente me callaba. Así supe que el silencio era más poderoso que todo el ruido que podían emitir treinta jovencitos con infinitas ganas de hacerse oír. Sencillamente me callaba y ellos paulatinamente
también lo hacían.

En otras ocasiones, echaba mano de alguna palabra sorpresa, una que a aquellos jovencitos y jovencitas les silenciara de una vez porque estaban altamente interesados.

Decía vacaciones, recreo, amor, aprobado general, etc. Lo importante era que una estrategia de humor servía para el mismo cometido que la típica escena del maestro desesperado gritando y golpeando una mesa para al fin llegar – pero con mucho más
ruido – al mismo lugar. No, mejor confiar en la fuerza del humor y del silencio.

Ahora trabajo con familias y niños que tienen muchos nombres, entre ellos los llaman discapacitados. Todo es diferente y parecido al mismo tiempo. Con estos niños, y con todos, la estrategia del humor, el silencio o las pocas palabras, es también muy
eficaz.

“Había una vez…”
En momentos de alto ruido en la casa o en el aula, hay una frase mágica y única que les recomiendo. Y es el conocido “Había una vez…”. Una vez, una sola vez… ¿Quién no va a prestar atención a algo que sucedió una sola vez? El silencio llega también
de una vez y usted puede contar un cuento breve o medio o largo y tranquilizar el ambiente.

Gritando en silencio…
Hay otra estrategia muy buena que consiste en hablar a los niños sin emitir sonidos. Lo hacemos de esta original manera y les sorprenderá, además de callarse. Y fácil que ellos mismos lo adopten como un juego más. ¿Se imagina a sus hijos o alumnos
gritando en silencio? Como niños que son, lo natural y normal no es eso, pero incorporar juegos donde el silencio sea protagonista también les ayuda.

El área silenciosa…
Un juego que todos conocen es representar una película con mímica y adivinar qué sucede o el título. Otro que hacemos en nuestras sesiones es preguntar cómo les fue el día y tienen que contarlo sin palabras. También se puede recurrir al conocido “el
que hable pierde”. Pueden también establecer un lugar de la casa que esté dedicado a actividades en silencio como leer, descansar, pensar, dibujar, no hacer nada, etc.

Quienes entran en ese espacio pueden ponerse un sombrero y eso significa que se encuentran en el área silenciosa.

“Corazón, corazón, corazón”…
Y por último compartirles un juego entre el teatro y el cuento. Consiste en imaginar que vivimos en un lugar donde los habitantes no hablan porque el viento se llevó las
palabras, pues con ella gritaban o mentían mucho (las razones del viento son diversas y ustedes deciden).

Ahora tienen que recuperar las palabras y para ello tendrán que superar varias pruebas. La primera es comunicarse entre ellos solo moviendo las manos. Superada esta prueba podrán comunicarse con las manos y la cabeza. Después se les concederá
permiso para acompañar su comunicación con todo el cuerpo. La penúltima prueba les permite utilizar lo anterior y añadir sonidos.

Y para finalizar podrán decir todo lo que quieran, pero añadiendo la palabra corazón. Solo pueden pronunciar esa palabra para
expresarse, ya sea por ejemplo pedir agua, comida o que quieren pasar. Y para expresar que desean comida, en vez de decir “yo quiero comida” tendrán que decir “corazón, corazón, corazón” acompañándolo de los gestos que necesiten para hacerse
entender.

Quien dirige el juego dispone de las pruebas que quiera y puede ampliar o disminuir su número, así como decidir si hay que repetir una prueba y si algún participante debe repetir determinada prueba. Una vez superadas, los habitantes del lugar recuperarán la sinceridad de las palabras que vienen, como dice un refrán árabe, del corazón.

Les deseamos un feliz y muy divertido silencio.
Tomás Rubio
Equipo Lantana (Santo Domingo)
Un espacio de arte, creatividad y bienestar.
809 434 1111 – 829 422 5360

Tomás Rubio es escritor y profesor de Teatro, Chi kung y Escritura creativa. Se inició en el Teatro Creativo Sanador y el Chi Kung (movimiento sanador) en la Escuela Neijing. Junto a la artista gráfica Bianka Reyes, es codirector de Lantana. Forma parte del equipo de Terapias Artísticas del Caid de Santo
Domingo.

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