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Los colores del amor / Ángel Gomera

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Los colores del amor surgen de un beso apasionado, entre el arcoíris y un cielo soleado con tatuajes de nubes blancas en su costado. Nacen del vals de las flores y las mariposas en medio de las llanuras tropicales. Brotan del éxtasis de las olas del mar cuando tocan las arenas suplicantes.

Fluyen de los bríos impetuosos de la cascada apetecible de tu boca. Manan del volcán activo que erupciona en la inmensa biología de tu ser. Germinan de la combinación romántica del polen de una flor con la picardía fecunda de una abeja en primavera.

Los colores del amor salen de versos, sentimientos y actitudes nobles, que se esparcen en el universo infinito del alma. Florecen de aquellos abrazos que estaban perdidos y se encuentran con pasión a mitad de aquel camino llamado reconciliación, provocando a su vez, un estallido de fraternidad celestial. Emergen de la silueta de tus labios pródigos, que dibujan una sonrisa que renace de lo extinto e inédito.

Se lucen en las noches tórridas cubiertas de estrellas y con olor agradable a café de la sierra; en donde el cielo y sus compinches deshojan alrededor del fogón aquellas añoranzas entre alegrías y melancolías. Y allí, la pureza navegando con destreza las galaxias, se anida en lo más sublime de un espíritu sediento.

Los colores del amor emanan desde la profundidad de esas pupilas decorosas que contemplan con gratitud y devoción, el manto fino y extendido de la niebla, que se cuela con espectacularidad y habilidad entre montañas y praderas con cabelleras verdes exuberantes.

Se levantan del bello amanecer que espanta la oscuridad del horizonte, con la luz angelical de matices poéticos. Aurora ésta, que infunde belleza excelsa a la vida con la dulce melodía de la esperanza; y que pone a deslumbrar los sentidos con sensibilidad humana, tierna, insondable y divina.

Los colores del amor aparecen del baúl recóndito del corazón, sirviendo de alas para poner a volar la imaginación entre fantasía y realidad, con la misión expresa de encontrar la felicidad.

Se nutren de una conciencia reluciente, que brilla con fulgor desde dentro hacia afuera, despejando las tinieblas que inquietan el buen vivir. Escurren de una sinfonía armoniosa de buena voluntad, que se filtra con nobleza en el interior de la persona, colmando cada espacio vital de paz y sosiego.

Los colores del amor renacen de la decisión valiente y firme, de dejar atrás las huellas de aquel pasado sombrío y amargo, que en nada contribuye a la edificación de tus sueños. Se alimenta del manantial del perdón, para así regar esas áreas maltrechas por la aridez de los resentimientos.

Su fuente es el infinito, y se sostienen entre los dinteles de la sabiduría y la verdad perpetua. Manifiestan una cota de heroicidad maravillosa, poniendo como opción irrebatible la bondad, a pesar de las hostilidades y desafíos del ambiente.

Los colores del amor proceden del huerto aclimatado de las bienaventuranzas, en donde se forman seres con corazones de carne, dispuestos a reverdecer aquellas severas deforestaciones de las cordilleras del alma, plantando árboles de vida buena con tesón, paciencia, misericordia, cortesía y amabilidad, sin importar ningún tipo de contrariedades.

Fortalecen la confianza, el diálogo y las redes de solidaridad haciendo el mundo más respirable. Restaura relaciones, sentidos y significados más allá de las tormentas. Alientan la capacidad de entendernos y amarnos entre unos y otros. Los colores del amor le dan sentido a la existencia.

Ángel Gomera

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