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DONDE JESÚS ESTÁ / Laura Cristina Quintana

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Mientras leía cómo Jesús se trasladaba de una ciudad a otra predicando la palabra, me lo imaginaba de visita en la República Dominicana.
Se corrió la voz: “Jesús está en la zona norte y va para Santo Domingo. Ya está en Santiago y sale mañana para la capital.

En la parada de autobuses llegarian sus acompañantes y se irían sentando uno a uno, pero el último en entrar al autobús seguro sería Jesús, porque la gente no iba querer que se fuera.

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Lo primero que pasaría cuando Él entrara al autobús es que todo se iluminaria como si el chofer hubiera prendido las luces internas. Luego, todos los que tenían problemas de salud física y espiritual sanarian. Los odios, rencores, resentimientos, penas ,tristezas y amarguras del alma desaparecerían, pero lo más importante, llegaría a ellos el perdón y el arrepentimiento. En definitiva: la salvación que sólo Jesús puede dar.
Imagino en los diferentes pueblos, que ya les habían avisado que Jesús iba en el autobús de las 6am, pues seguro el dominicano lo esperaría desde la 1:00 AM para poder ser de los primeros en recibir su bendición.

Aquí en Santo Domingo le tendrían un lugar bastante grande para poder escuchar su palabra y recibir sanidad.

Es verdad, muchos irian por curiosidad, pero otros por necesidad. Así es cuando nos convertimos, vamos a la iglesia donde entendemos que Jesús está. ¡Y Él está! Los que no están, son aquellos que van por costumbre y no a visitar a Jesús. Son los que se pasan el culto mirando como caminan los hermanos, que ropa tenían puesta; si los ponen a orar les critican si lo hizo muy largo o muy corto. Nada les gusta de los hermanos. Se las pasan en todo menos en la búsqueda de la presencia de Dios. Según entraron así salieron…Vacíos.

Lo bueno es que Jesús trata con cada uno de nosotros en particular. Nos va enseñando y cambiando esos hábitos negativos y nos pone su amor para que podamos ser testimonio a otros.
¡Cuántas enfermedades desaparecerían en Santo Domingo con la visita del Salvador del Mundo y cuántas personas se convertirían en discípulos de Jesús!

Hoy, sí hoy, ahora mismo, tú que estás leyendo, ahí donde estás, recibe la sanidad de esa enfermedad que te atormenta. Recibe la sanidad del alma y haz de Jesús tu Señor, tu Salvador, y síguelo. Recibe la sanidad de las heridas ocasionadas por otros y por tu manera de ser y decir: “yo soy así”..
Jesús sanó ayer. Jesús sana hoy y sanará mañana y siempre.

El mandato de Jesús: “Id por todo el mundo” (Mt.28:29). “Mayores cosas harán, porque yo voy al Padre. (JN.14:12).

Oremos: “Señor te alabamos y te bendecimos y te damos gracias por estar con nosotros todos los días de nuestras vidas sanándonos, liberándonos y cuidándonos”. Gracias Señor. Amén.

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