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Biblia y Constitución / Felix Caraballo

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Los dominicanos gozamos de tener buenas leyes en todas las esferas de la vida social y una de estas es la Ley 204-84 que declara el 27 de septiembre como Día Nacional de la Biblia, pues se trata de uno de los libros más reproducidos y leídos de toda la historia de la humanidad.

La Biblia estuvo presente en la mente de los padres de la patria y no es casualidad que apareciera en nuestro escudo abierta en el evangelio de Juan 8:32, pues el padre de la patria dominicana tenía presente la Biblia, no solamente como un libro más, sino que era un asiduo estudioso del sagrado libro. Duarte era un hombre de profundas raíces cristianas.

El hecho de que la Biblia esté abierta en nuestro escudo nos invita a siempre tenerla presente como palabra activa, como luz orientadora, guía, que alumbra los pasos del hombre y la mujer en sociedad.

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En reiteradas ocasiones hemos escuchado al magistrado presidente del TC, doctor Milton Ray Guevara, hacer la comparación entre la Constitución como “la biblia institucional de la Republica Dominicana”, la cual gobernantes y gobernados deben cumplir y obedecer.

Los esfuerzos que hacen desde el Tribunal Constitucional sus magistrados, soportes jurisdiccional y administrativo tienen la intención de que la Constitución siga tomando vida, cuerpo y se impregne cada día en la actuación de cada ciudadano.

En la Sagradas Escrituras el tema de los derechos humanos es recurrente, principalmente en los profetas del AT, como el profeta Isaías. En el capítulo 10 de su libro el Señor hace un llamado a los gobernantes de no dictar leyes injustas para apartar del juicio a los pobres y privar el derecho a los afligidos.

La promoción de los derechos humanos y las garantías fundamentales ha sido uno de los grandes temas de Dios a lo largo de la historia de la humanidad, pues entre sus atributos principales están ser justo y aplicar justicia sin distinciones.

Por lo tanto, hay seguir abogando por la supremacía de la Constitución en todos los ámbitos de la vida pública y tener una mejor convivencia los unos con los otros, estableciendo límites. e igual manera, la Sagradas Escrituras deben estar presentes en una sociedad donde “reinan” el egoísmo, la ambición, la vanidad.

En primer orden, es responsabilidad de las instituciones del Estado no importando su naturaleza, seguir promoviendo los buenos principios y valores de fe que alimentan la espiritualidad del dominicano de forma integral.

En segundo orden, insistir a fin de concretar el deseo de la enseñanza del texto constitucional en los centros de formación pública en todos los niveles educativos para educar a los alumnos en sus derechos ciudadanos.  Tanto la Constitución como la Biblia son de utilidad en la promoción del bien común.

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