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La Danza de San Vito

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Luis M. Moreta
<El 26 de junio de 1284, en el día de Juan y Pablo, 130 niños nacidos en Hamelin, Alemania, fueron sacados de la ciudad por un flautista vestido con ropas multicolores>.
Esta es la introducción a la historia que inspiró a los hermanos Jacob y Wilhelm Grimm a componer el cuento de: Rattenfanger Von Hameln = El Cazador de Ratas de Hamelin (El Flautista de Hamelin).
Varias hipótesis tratan de justificar alguna historia, pero ningunas pueden demostrar sus versiones de lo sucedido en aquella ciudad de 60 mil habitantes. La mas aceptada de las versiones se refiere a la Maldición de la Danza.
Esta historia afirma que tras haber pasado por el calvario cerca de Koppenberg, desaparecieron para siempre estos 130 jovenes (que ciertamente no eran niños) según el cuento de los hermanos Grimm, (y que no se trataba de ratas tampoco).
Tras una sucesión de pandemias nació la llamada Danza de San Vito, que se extendió por la Europa medieval desde el año 1200 en adelante. Esto se convirtió en una enfermedad psicogénica colectiva que se extendió a través de generaciones y comunidades.
Estas personas, se sentían impulsadas a bailar, sin parar, por semanas, y hasta por meses, al punto que caían extasiadas y experimentaban una muerte dolorosa.
Se documentó que un grupo de jóvenes giraba salvajemente mientras salía de los límites de la ciudad para acabar a 20 kms de distancia en un pueblo vecino. Algunas de las víctimas, poco después, literalmente, bailaron hasta la muerte, y los sobrevivientes quedaron con temblores crónicos.
Esta es la teoría mas probable, según la BBC, pues el destino de estos niños o/y jóvenes afectados por aquella enfermedad comunitaria, o psicogénica colectiva fueron atraídos por algún músico callejero, o vagabundo. Aquellas víctimas habrían sufrido ese final, según el relato de la BBC, y que las autoridades no se atrevieron a revelar.
Hoy el pueblo mantiene la vieja ley que prohíbe cantar y tocar música en la calle Bungelos enstrabe, donde está la casa del flautista, por respeto a aquellos 130 desaparecidos.
Así se encuentra nuestra juventud dominicana, atada o cautiva en la fiebre de la danza ante la maldición y el encanto de la música inmoral de las discotecas y los llamados colmadones y ante las aberraciones de las fiestas patronsles y los carnavales que mantienen trastornada la sociedad del presente.
Ni las juntas de vecinos, ni la Policia Nacional, ni la Comision de Espectáculos Públicos, ni Ministerio de Medio Ambiente son competentes para para enderezar un poco el rumbo de nuestros muchachos.
La «Iglesia» pudiera ser un auxilio para esta generación. Habría que articular acciones en respuesta a la presente Danza De Vito. (Cuando hablo de la Iglesia no me refiero a la iglesia; sino, de La Iglesia).

Nuestros muchachos están sentenciados a desaparecer ante la crisis de identidad y la falta de autoconciencia que los lleva cautivos al territorio de la inexistencia moral y espiritual.

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