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Tan contento entre las luces y las sombras de la tecnología.

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Tomás Rubio

No soy experto en tecnología. Ni siquiera soy un usuario hábil. Aprendí a manejarme en la computadora gracias a un manual titulado “Informática para torpes”. Entonces no había internet y ahora que lo hay, mis dudas para navegar me las resuelve un niño de ocho años.

Y sin embargo, apenas ya leo libros impresos en papel y estoy escribiendo este artículo en una laptop. Tampoco compro periódicos, estudio e investigo utilizando la computadora, imparto talleres y conferencias por zoom, veo pelis por YouTube. Hago tantas y lindas cosas a través de la tecnología que cualquiera pensaría que soy un cibernativo al que megas, gigas, teras y otros bytes le recorren las venas.

Pero no. Ya lo dije más arriba. Soy bastante torpe y sé que apenas conozco lo que se mueve entre las tierras y las nubes de la tecnología. Siempre que algún “experto” de ocho años toma mi celular o laptop, acaba diciendo que tengo infrautilizado esto o aquello, obsoleta tal o cual aplicación.

Pero vivo a la luz de la tecnología. Eso también lo sé. Y procuro aprender de ella y servirme de sus beneficios que me permiten escribir con más medios, ver mejor una película o, por ejemplo, estudiar con una extensísima información a mano.

 A la sombra de la tecnología.

Era profesor en un colegio y cada mañana presenciaba, muy sorprendido, un ritual que se producía en el patio. Los niños y adolescentes formaban en grupo en el patio y después del himno, un profesor recorría las filas portando una caja donde los estudiantes que llevaban teléfono móvil tenían que depositar su aparato. Al salir de clase se lo devolvían, y si en el transcurso de la mañana alguno necesitaba llamar, podía acudir en el recreo a secretaría.

No he contado todo. Porque lo que sucedía minutos antes de este ritual, era que algunos estudiantes escondían sus teléfonos en las medias o en lugares más íntimos. Y así subían a clase, sabiéndose aún dueños de su tecnología.

Entre las luces y las sombras de la tecnología.

Y sí, ya lo sé. Me dirán que la tecnología tiene sus sombras, como control y descontrol. Control porque, por ejemplo, a través de la tecnología saben cómo pensamos, qué compramos y en qué dudamos. Descontrol porque, es otro ejemplo, no hay quién logre que los estudiantes se concentren en el aula si tienen el teléfono sobre la mesa.

Pero yo decidí vivir entre esas sombras y las luces de la tecnología; aun asumiendo que algunos muchachos no atendían en clase por mirar el teléfono (antes lo hacíamos mirando la ventana o poniendo un cómic entre las páginas del libro).

La pregunta que me hice era si la clase podía ser lo suficientemente atractiva para que los estudiantes me atendieran más a mí que al teléfono. Y la respuesta es no, porque difícilmente un profesor puede competir con un aparato que te transporta de una vez y en directo a la superficie de Marte o al fondo de un océano.

La solución era establecer una alianza con la tecnología y los estudiantes, y hacerlo con buen humor.

 En clase de historia, por ejemplo, les comunicaba que disponían de cinco minutos para encontrar chismes de faldas del presidente John F. Kennedy. Y en menos de esos cinco minutos llenábamos la pizarra de nombres de mujeres. A partir de ahí, hablar del presidente Kennedy y de su periodo en el gobierno norteamericano, era sencillo. En clase de Arte, les proponía buscaran versiones de Beethoven interpretadas por grupos de rock.

Y así podría seguir con ejemplos para las diferentes asignaturas si esto fuera un libro de recursos para profesores. Pero sólo es un breve artículo que trata de compartir lo contento que es vivir entre las sombras y las luces de la tecnología.

Ah. Entre los estudiantes más mayores y un servidor teníamos un trato. Solo se podía interrumpir la clase para chatear si el motivo era el amor. Y obviamente, esto ya era con alumnos de todas las edades, cada 50 minutos teníamos entre cinco y diez minutos de recreo virtual.

Les vaya bien.

Tomás Rubio / Equipo Di Capacidad (Santo Domingo)

Di Capacidad es un espacio inclusivo de arte y educación humanista. 809 434 1111

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