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Muerte Espiritual

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Jenny Matos

Hace días cuando voy en oración Dios viene ministrándome con estas palabras de una forma muy fuerte, de cómo los humanos lastimósamente ponemos los ojos en como se administran las cosas del Señor y al leer un post que decía: Haz de tus diezmos ayudas y no se lo entregues al pastor, me dio mucha pena el pensar de algunos creyentes, ya que todos daremos cuenta por separados.

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El dinero es lo último que llega de parte de un convertido y lo primero que se va, cuando alguien se aleja de Dios.

En mi caso, que respeto como cada quien quiera hacer con lo suyo y con lo del Señor, porque he hecho mío el Salmo 73:25 que dice ¿a quién tengo yo en lo cielo sino a ti? y fuera de ti, no quiero nada en la tierra.

El ponernos en la posición de Juez y opinar de como debe administrarse los recursos es que nos lleva en muchas ocasiones a obrar mal con nuestras finanzas y a querer usar los diezmos y ofrendas para hacer nosotros la obra de Dios, claso error.

Mentir al igual que Ananias y Safira y pretender que ganaron menos para no diezmar lo justo, fue lo que trajo el enojo de Dios. Nadie nos puede obligar a dar, pero tampo hay licencia para mentir a Dios y a los que administran lo de la casa. Porque robarle al Señor produce muerte espiritual. Hechos 5:1-11. Quizás nadie vuelva a morir físicamente por eso, pero de una u otra forma afecta.

Cuando nos tomamos un diezmo poco a poco algo se va apagando en nosotros. La llama del Espíritu se hace exigua y sin esa gasolina, sin ese aceite como combustible la lampara espiritual titila, languidece y se hace exigua.

Saqueamos la casa del Señor cuando no llevamos nuestros diezmos y ofrendas al alfolí y bajamos de nivel. Pero cuando subimos de nivel, como lo hizo Zaqueo, al sicómoro de la oración y Dios nos visita a nuestra casa interior, devolvemos todo lo que a conciencia clara no nos pertenece.

¡Que lo material no mate lo espiritual en nosotros! Al final de los finales, nadie se queda con lo de Dios, porque lo que no le das a Él, se lo das al médico, al abogado, al carpintero, al mecánico, al dentista, al dermatólogo o a cualquier otro y algo tan insulso, hace morir lo más valioso que cargamos dentro.

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