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El Génesis de la Delincuencia / Samuel Reyes

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Lic. Samuel Reyes
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“No hay cosa mejor para el hombre que alegrarse en su trabajo” Eclesiastés 3:22

En nuestro país se ha desatado una ola de delincuencia muy preocupante. El desempleo, especialmente entre los jóvenes de entre 14 a 21 años, se señala como su causa principal. El desempleo también ocasiona la emigración de miles de dominicanos anualmente a diversos países, especialmente a los Estados Unidos, incluyendo al Estado Libre Asociado de Puerto Rico. Precisamente en Puerto Rico se puede notar la vinculación entre desempleo y delincuencia porque algunos dominicanos que llegan ilegalmente buscando oportunidades que no encuentran aquí, al no poder acceder a empleos regulares por las restricciones legales que existen en ese país contra los inmigrantes, son reclutados por bandas delictivas.

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Según los paradigmas de la criminología la gente comete delitos porque simplemente tiene libre albedrio y decide hacerlo y los que no los cometen es por el temor al castigo judicial o al rechazo social de sus familiares, amigos, vecinos, compañeros de estudios y de trabajo.

Otra explicación de la criminalidad es la científica, que sostiene que los delitos tienen una determinística y lo único que se debe hacer es investigar científicamente cuál es esa causa y corregirla.

Un tercer paradigma que explica la delincuencia es la que atribuye su ocurrencia a los conflictos sociales, a las desigualdades, a las faltas de oportunidades de una parte de la población juvenil que no tiene acceso a los bienes y servicios que le ofrece un trabajo digno y decente.

Lamentablemente en nuestro país estos tres paradigmas tienen cabida actualmente como detonantes de la delincuencia. En cuanto al libre albedrío este no tiene una fuerte disuasión por cuanto el Código Penal dominicano vigente data del siglo XIX y no se adapta a las conductas y costumbres del dominicano del siglo XXI.

Tampoco tenemos estudios dirigidos a determinar los perfiles criminales y las causas que impulsan la delincuencia en la población como para prevenir su ocurrencia y fomentar políticas públicas eficientes. El único indicio del que disponemos es que nuestro país ocupa según estudios recientes el primer lugar en América Latina y el Caribe en desempleo juvenil, con 850 mil desempleados o peor aún, que no estudian tampoco, engrosando las filas de los que no estudian ni trabajan, los denominados “ninis”

En vista de sus deficiencias en educación y su falta de oportunidades, nuestros jóvenes son candidatos a caer en la delincuencia porque esta ve su mejor aliado en la crisis social, económica y la carencia de valores, porque a resumidas cuentas, mientras los ninis coquetean y se casan con el crimen, los criminales de oficio los identifican como sus nuevos reclutas que les proporcionan la vigencia en el tiempo.

Las políticas públicas deben ser dirigidas a disminuir a su mínima expresión el desempleo juvenil por el bien de la patria. La economía nacional tiene que ser capaz de absorber a nuestra población económicamente activa porque los empleados son personas que gozan de más libertades, que pueden tomar muchas decisiones acertadas que los desempleados no pueden y no son sujetos de manipulación, clientelismo político y fidelización electoral casi obligatoria que les rebaja su dignidad.

Ese es ni más ni menos el génesis de nuestra delincuencia.

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