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COMPAÑERO DE VIDA, LA DESPEDIDA

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Por. Cristina Quintana

“…Y se unirá a su mujer, y serán una sola carne.” Gn. 2:24

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Siempre es difícil decir: Adiós. Las despedidas no son fáciles. Cuando amigos y personas queridas nos visitan y llega la hora de despedirlos nos sentimos apenados y queremos que se queden un rato más. Ahora, cuando la despedida es para siempre y ya la persona partió de esta tierra es más difícil todavía.

Nunca pensamos que vamos a morir pero el ciclo de la vida es: “Nacer, crecer y morir”.

Murió Eugenio Mota. Hijo, esposo, padre, amigo, hermano, compañero, buen vecino y muy familiar. Amó y cuidó de mis padres.

Escritor de pluma fina e incisiva. Autodidacta, político, poeta y declamador. Admirado y amado por muchos, envidiado por otros. Le gustaban los deportes. Era simpatizante de uno de los equipos de beisbol de nuestro país: el Escogido; seguía todas las series deportivas con pasión.

Como padre, siempre trató de mantener la unidad de la familia. Proveyó a sus hijos alimentos y educación y cuando los veía enfermos se preocupaba.

Amaba a su Patria y la defendió con todo su corazón. Participo junto a José Francisco Peña Gómez en el programa Combate. Contribuyó en todas las actividades de la Revolución de Abril del 1965 y como político llegó a ser perseguido por agentes del gobierno y se asiló en la Embajada de México junto a un grupo opositor del gobierno de turno. En ese entonces, nos dio mucha lucha conseguir que el Doctor Joaquín Balaguer le permitiera la entrada al país. Muchas personas del gobierno me ayudaron y me acompañaron hasta conseguir una entrevista con él, quien escuchó mi petición y firmó el permiso de entrada al país. Cuando regresó pocos fueron a visitarlo. Pero, Dios tenía planes para él.

Yo pertenecía al Movimiento Carismático donde recibí a Jesús como mi Señor y Salvador y esperaba ser bautizada por el Espíritu Santo. Cuando Eugenio retornó al país yo lo llevé a un retiro de tres días y el último día recibió el Bautismo del Espíritu Santo con evidencias del don de Lenguas. Tres días estuvo sin poder hablar el español y así comenzó una nueva vida. Una verdadera vida de servicio a Dios. Siempre dispuesto a hablarle a los demás de la necesidad de conocer de Jesús. También recibió el don de Sanidad, el de Liberación y el de Discernimiento de espíritus.

Muchos fueron sanados de sus enfermedades, cualquiera que esta fuese. Vi muelas dañadas salir de la boca con sólo una oración. Otras sanadas y revestidas de oro. Personas liberadas de espíritus malignos y hasta una persona declarada muerta volver a la vida.

Amó mucho a Dios. Aún en medio de la enfermedad decía: “No hay nadaque temer. Yo estoy con mi Dios y me iré con Él”. Muchas veces, lo veíamos muy concentrado y le preguntábamos si tenía dolor y decía que no, que estaba hablando con su Dios. En realidad tenía una comunicación constante con Él.

Eugenio fue muy querido. Trabajó para varias Direcciones Estatales en diferentes gobiernos. Asesoraba personalidades importantes de la vida pública y privada de nuestro país, tales como, altos funcionarios públicos, Directores de la Policía Nacional, ex Presidentes de la República, Diputados, candidatos a cargos públicos, entre otros. Las asesorías consistían en: redacción de discursos, asesoría de tesis, corrección de estilo, notas de Prensa entre otros. Hasta sus últimos días mantuvo la capacidad de redactar diversas notas.

Hoy lo lloramos, pero esperamos vernos aquel día cuando estemos todos ante la presencia de Dios..

Descansa en paz amado esposo y compañero de 57 años de casados.

Siempre te recordaremos.

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