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MÚSICA CON LETRAS NEGATIVAS

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La música influye como uno de los elementos principales, en la formación de la cultura. La misma ha experimentado grandes cambios en el discurrir del tiempo, que van desde la música clásica hasta todos los ritmos musicales que escuchamos en la actualidad. Esto indica que cada época ha tenido un estilo musical que la identifica, pero esto no cuestiona el hecho de que la calidad musical o la buena música traspasa las barreras del tiempo de generación en generación.

Los adolescentes es el grupo más propenso a ser influenciados por los nuevos estilos musicales, debido a que una de las actividades que más realizan, es escuchar música, y con la misma establecen un sistema de creencias y valores, que se observa en el lenguaje, en la manera de vestirse, peinarse, moverse, es decir moldea aspectos de su identidad.

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Según un interesante artículo publicado por la Universidad de Palermo, infiere ¨que la música llega a la memoria genérica, que son los puntos más estables del ser humano pero que son modificables también. Si logran ser modificados influirán y afectarán la conducta, en cuanto a la idea del bien y del mal, del honor, la moral; de los valores con los que se identificarán; también impactarán en los juicios porque los juicios son adquiridos y culturales. Así como puede tornarse en una herramienta de manipulación, produciendo en los oyentes diversas consecuencias¨.

Es que la identificación con un determinado estilo musical puede ser un signo de cierto grado de rebelión contra el sistema social. También puede resultar en una vía de escape ante los conflictos familiares, o ser un estímulo de sentimientos de relajamiento y seguridad en situaciones y ambientes nuevos.

Por lo que el placer de compartir la misma música puede ser la base de amistades nuevas o grupos con pensamientos y gustos similares, por eso resulta importante observar en los adolescentes el tipo de música, artistas o letras que escuchan, para prevenir posibles afecciones o desviaciones no deseadas en su conducta social.

Decimos lo anterior, debido a la alta proliferación de música con mensajes violentos, con una carga de promiscuidad sexual sin control y sin regularización; con un notable menosprecio a la dignidad de la mujer, exhibiéndola básicamente como objeto sexual; que incitan y promueven el consumo de drogas de manera pasmosa; situación que está afectando considerablemente a las familias y a la sociedad en sentido general.

De ahí subyace nuestra preocupación por la incidencia y sensación que viene teniendo esta nueva tendencia de ¨música¨. Su promoción es agresiva, intensa y sustentada con muchos recursos y publicidad; obviándose el progresivo deterioro moral que viene arrastrando consigo; ya que las letras de sus canciones son loas a una vida fácil, hedonista sin el más mínimo acercamiento a lo moderado, en donde sus vídeos clips venden las exageraciones de la narco mentalidad; en fin son antivalores que inciden negativamente en la personalidad del adolescente como principal receptor, trayendo como consecuencia la profundización de ciertos males sociales que debemos erradicar.

Es por esta razón, que planteamos la necesidad de poner en marcha políticas públicas desde el Estado, que involucre como actores claves a las familias, las escuelas y organizaciones comunitarias; para que, en alianza estratégica, se lleven a cabo los esfuerzos necesarios de impulsar o incrementar una educación en valores, destinada a formar a la persona en su integridad, para que sepa usar su saber para hacer el bien.

Esa educación no debe responder sólo al cómo, sino también al por qué y al para qué. La misma debe constituirse en una oportunidad que les permita a los jóvenes ser críticos ante su entorno, de aquellas “ideologías” que hay que desenmascarar, las cuales esclavizan. Así como también debe brindarle la suficiente maduración de la conciencia para prevenir el influjo seductor de la música con letras negativas y sus consecuencias. Con lo dicho anteriormente, no se trata de educar para inhibir la iniciativa y el interés sino para encauzar la actividad y el espíritu combativo hacia la consecución de resultados útiles a la sociedad.

Asimismo, el Estado debe jugar un rol fundamental en el control y regularización de ese tipo de música con características negativas, con la participación y compromiso social de los diferentes representantes artísticos, sus difusores, manejadores, para que juntos construyamos una cultura de paz.

Es que requerimos de artistas por la paz, que alce la voz para recordar que no todo puede regirse por las fuerzas del mercado, la tecnología, el individualismo y el consumismo. Necesitamos ante tantos desafíos que el arte sea una forma de establecer una resistencia ante los mecanismos de violencia cultural, no un promotor. Porque como bien expresa Benjamin Franklin: ¨O caminamos todos juntos hacia la paz, o nunca la encontraremos¨.

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