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SOY MUJER… con un “yo” auténtico

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Por Bienvenida González

Si Adán se maravilló ante la presencia física de Eva, la humanidad ha seguido sus pasos. Con todo este modelaje adámico, la trayectoria que ha transitado la mujer, en su larga existencia ha supuesto una mezcla entre los malos y buenos tratos recibidos y las descalificaciones y calificaciones que le han acompañado.

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Todo dependerá de las maneras como ella se ha visto así misma y, además como haya sido vista por su entorno familiar, social y relacional. Con todas estas posibilidades y frente a la velocidad con que la sociedad nos impone sus criterios de evaluación y calificación de la mujer, de forma similar, la mujer corre el riesgo de verse así misma de manera distorsionada y, por consiguiente, conformarse a una visión fabricada de quien es en realidad.

En primer lugar, te invito mujer a reflexionar sobre tu existencia, fuiste creada por Dios, por lo tanto, tienes su sello distintivo que jamás será usurpado por poder alguno sobre la tierra. De igual importancia es la realidad de que Dios sostiene lo creado por El. Por consiguiente, tú, siendo mujer posees una base de sustentación que le imprime a tu existencia una visión integradora.

Después de abrir esta premisa de tu existencia y la mía, enfoquemos en segundo lugar el principio básico de la percepción. La percepción de sí misma. ¿Cómo te ves? ¿qué concepto tienes de ti? ¿cómo has entendido tu existencia aquí en la tierra? ¿Cuáles son y han sido tus misiones existenciales?

“El todo, es más, que la suma de sus partes”, esta ha sido una propiedad enarbolada por Aristóteles y sostenida por la Teoría de la Gestalt (ve al ser humano como un todo) y, la Teoría de Sistema. Esta propiedad encaja en la visión holística, la cual nos plantea una visión de conjunto, en la cual un sistema es algo mas complejo que la suma de sus partes. Así pues, una de las dificultades de la experiencia en este caso de la mujer, es la manera cómo se percibe. Esta

propiedad de las partes y el todo contribuye para que te percibas como un todo integrado. En mi opinión, si en las imágenes que construimos en nuestras mentes, los elementos están dispersos, que no combinan, (por ejemplo: me veo elegante, bien vestida; pero…soy una fracasada, no me siento amada, ni valorada), la experiencia de tu vida pudiera estar cargada de dificultades reales.

En tercer lugar, reflexionemos por un momento en el sentido de la vida. Es evidente que se ha entretejido una lucha a muerte entre la sociedad y la concepción de: “Soy Mujer”. La sociedad ha pretendido y logrado a la vez, pautar sobre nuestra imagen física, nos ha impuesto la moda, como hemos de pensar y actuar, sin dejar de lado algo trascendente: se ha atribuido el derecho controlar nuestros pensamientos y decisiones. Como resultado, el entorno social, ha logrado encarcelar a nivel existencial a mujeres ue le han abierto las puertas de su vida y le ha propiciado la bienvenida.

En cuarto lugar, miremos partes esenciales de nuestra existencia, que nos pueden guiar a una comprensión de nuestros pensamientos, sentimientos y percepciones: observan y entender más al todo que a las partes que lo componen. En este punto específico, una pregunta pertinente: ¿Cuál es el sentido de mi vida? A medida que nos acercamos a la muerte (por ley de vida), esta pregunta cobra sentido. ¿Qué piensas sobre esto? ¿Estará desligado el sentido de la vida, de la fe y de una conexión genuina con quien nos creó? En definitiva: “¡Vanidad de vanidades, todo es vanidad! Honra a Dios y cumple sus mandamientos, porque es el todo del hombre”. También el todo de la mujer, ambos, seres creados por EL.

¡Soy mujer! Con un yo auténtico. Lo cual significará lo siguiente:

– Un yo autónomo, expresado a través de un vocabulario especifico: yo no quiero, quiero irme ya, he decidido realizar un plan…

– Responsabilidad personal: negarte a experimentar relaciones, acontecimientos y circunstancias perjudiciales.

– Alimentar la conciencia de que la sociedad me impone criterios, creencias, conductas cuestionables; pero, yo decido que aceptar y que rechazar.

– ¡Soy mujer, con un yo auténtico!

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