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SOÑANDO EN ADVIENTO, NAVIDAD Y EPIFANÍA, A PESAR DE LA PANDEMIA

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Por. Telésforo Isaac

A pesar del aislamiento, incertidumbre e inseguridad del momento en que vivimos, que a mi parece sin fin, estoy soñando con la estación de Adviento, Navidad y Epifanía, rememorando esas estaciones litúrgicas festivas cuando me deleitaba de manera especial en mi niñez y adolescencia, aun siendo período de la dictadura de Trujillo y de penuria económica en el “tiempo muerto” de los ingenios.

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Mi mente fantasea con un conjunto de elementos que fueron comidas, bebidas y hechos que se disfrutaban en aquellos días. Entre estos podría mencionar la elaboración del guavaberry, ginger bread, ginger ale, tuffie, mabí, sarel, christmas bun, coconut tart, chocolate stay, fish cake y demás platos y dulces que preparaban con esmero Victoria Lucas, las hermanas Freeman y Miss Sarah, entre otros.

Además, en mi memoria tengo retenidas las entonaciones de los himnos y corales que se ensayaban en las Iglesias Moraviana y la Episcopal, preparándose para ofrecer cantatas y dramas del nacimiento de Jesús.

Ya estamos a mediado de octubre; finalizando la estación de las tormentas tropicales, ciclones y huracanes; en general la zona del Caribe no fue tan azotada este año 2020; más, sin embargo, estamos en el período de susceptibilidad de infecciones catarrales y necesidad de vacunas antigripales; pero esta plaga anual que lastima a personas de edad avanzada o los que sufren de alergias respiratorias, podría ser mortificante por coincidir con la pandemia de Covid-19 que aún no tiene una vacuna certificada y experimentada para contrarrestar ese virus que contagia a miles en el mundo diariamente. 

Por otro lado, en mi memoria se destacan las actividades de los ingenieros, mecánicos y técnicos de los ingenios azucareros que se movilizaban para engrasar, reajustar las maquinarias, calderas y los aparatos necesarios para transportar, moler y elaborar azúcar, melaza y otros residuos de la caña.  Las moliendas comenzaban a fines de diciembre o al comienzo del año y la zafra duraba algunos meses.

San Pedro de Macorís no es ahora lo que fue, pero en mi mente permanecen las imágenes que recolecté de la cultura y las señales que evidencian una época que se plasma en la historia y la memoria colectiva de un pueblo. Macorís del Este está decaída, más muerta, jamás.

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