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Argentina: una ley de paridad de género revela la persistente desigualdad religiosa que afecta a las minorías no católicas

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Una resolución el Gobierno establece que las sociedades, asociaciones civiles y fundaciones deberán tener la misma cantidad de hombres y mujeres en sus órganos de gobierno. La medida no afectaría a la Iglesia católica pero sí al resto de las confesiones.

La reciente resolución de la Inspección General de Justicia (IGJ) -un organismo dependiente del Ministerio de Justicia y Derechos Humanos del gobierno de la República Argentina-, que establece que «las sociedades, asociaciones civiles y fundaciones deberán tener la misma cantidad de miembros femeninos que masculinos en sus órganos de gobierno», ha provocado diversas reacciones y ha tenido un efecto secundario: poner en evidencia una vez más la desigualdad religiosa que afecta a las minorías no católicas en la Argentina.

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Es que, salvo la Iglesia católica, la única iglesia reconocida como tal en la Constitución nacional, las demás confesiones religiosas -entre ellas las iglesias evangélicas- están inscritas como asociaciones civiles, porque así lo establece una ley de la última dictadura cívico-militar, aún en vigor, con ¡la firma de los exdictadores Videla y Harguindeguy!

Consecuentemente, a efectos jurídicos, los pastores evangélicos no son “ministros de culto”, sino “presidentes”; “secretarios ejecutivos”; directores generales; etc; de tales «sociedades civiles».

Un hecho insólito éste que, si bien la última reforma al Código Civil y Comercial estableció “una figura jurídica especial de carácter religioso”, aún no reglamentado, resulta a todas luces una anomalía jurídica conceptual y una discriminación extemporánea en la Constitución argentina (de 1853) donde el único culto que se cita es “el culto católico apostólico romano”, para señalar que “El Gobierno federal sostiene el culto católico apostólico romano” (art.2). La garantía constitucional para la libertad religiosa en la República Argentina se apoya, básicamente, en la concesión graciosa que los artículos 14 y 20.3 ofrecen a “los habitantes” y a “los extranjeros”, de practicar libremente sus cultos. Poco, e insuficiente.

Según expertos en derecho constitucional, pese al planteamiento liberal con el que se encaró la redacción de la Constitución impulsada por Alberdi, ésta contiene muchos elementos regalistas, resabio de sus antecedentes en el derecho imperial español, que han privilegiado la condición de la Iglesia Católica desde la fundación del país.

Esta situación de precariedad jurídica de las iglesias evangélicas, tan anómala en un estado democrático del siglo XXI, está en el fondo de la situación coyuntural provocada por la citada resolución de paridad de género, que afecta a las organizaciones, fundaciones y sociedades civiles, y que se antoja a todas luces una intromisión inapropiada por parte del Estado en la forma de gobierno de las “iglesias”. (Huelga aclarar que esta situación no afecta a la Iglesia católica argentina, precisamente por su naturaleza jurídica, por ser «Iglesia»).

Entre los primeros en reaccionar, según informa el diario argentino Clarín, se cuenta la Alianza Cristiana de Iglesias Evangélicas de la República Argentina (ACIERA) –que agrupa al 85 % de los cultos evangélicos del país-, que solicitó una reunión urgente con el secretario de Culto de la Nación, Guillermo Oliveri, para plantearle su disidencia. El encuentro –que será por zoom- se concretará este viernes.

El presidente de ACIERA, el pastor Rubén Proietti, dijo a Clarín que su institución le solicitará a Oliveri –y también posteriormente al director de la IGJ, Ricardo Nissen– que las confesiones inscritas en el Registro Nacional de Cultos sean exceptuadas del cumplimiento de la resolución porque ello implicaría “una intromisión indebida en la organización de las iglesias”.

Prioetti enfatizó que la oposición de su institución no debe ser interpretada como un menoscabo de la mujer porque ello iría “contra la prédica y las actitudes de Jesús respecto del otro sexo” y porque ACIERA tiene seis mujeres en su comisión directiva y una ocupa una de las vicepresidencias, además de que muchas iglesias cuentan con pastoras”.

FUENTE: https://www.actualidadevangelica.es

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