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ABRACEMOS LA COMPASIÓN /Bienvenida González

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Por. Bienvenida González.

En este tiempo donde el distanciamiento físico puede ser visto y de hecho, ha sido estimado como un compromiso de amor y cuidado para sí mismo y los demás, posibles sentimientos encontrados podrían entretejerse en el ámbito de las relaciones humanas. La real prescripción es: no abrazar, no tocar, no estar cerca, a mayor distancia física, más beneficios en términos de salud y, por ende la posibilidad de contagio se reduce a la mínima expresión.

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Ha habido diferentes puntos de vista respecto a si lo que ha de emplearse es el distanciamiento social o el distanciamiento físico. Pudiéramos mínimo establecer una diferencia de cara a lo antes señalado: El distanciamiento social a diferencia del distanciamiento físico, supone una dimensión de desconexión social que va más allá del distanciamiento físico, con implicaciones de orden emocional y de exclusión.

Jennie Brand, plantea que el distanciamiento social, expresa usualmente algún tipo de individualismo, la desconexión social y la exclusión. Por consiguiente, hace el énfasis en el uso del concepto distanciamiento físico, más que el distanciamiento social. El distanciamiento físico, como su nombre lo indica es la distancia física como una medida que ha de contribuir a la prevención del contagio del Corona Virus, teniendo este la característica de alto nivel de contagio.

¿Que elegir entonces? Es una pregunta con mucha tela por donde cortar. El cómo la gente entienda sobre las diferencias en ambos tipos de distanciamientos incidirá en el ejercicio existencial de la gente para expresar el afecto, la solidaridad y la compasión, acciones indispensables para la vida que implican sobrellevar el dolor y la angustia que abaten y desconciertan a la gente.

Los efectos del Corona virus, han servido como telón de fondo a los sentimientos de desamparo y desesperanza. Es más fácil escribirlo y decirlo ante la

experiencia de vivirlo. La opinión pública de diferentes países ha recogido diferentes historias, a veces descarnadas en las cuales se evidencia la realidad ultima terrenal de las personas en esta tierra, en cuanto a dolor, sentimiento de desamparo y soledades profundas.

¡Abrazar la compasión nos confronta y mueve al ejercicio de amar o amar!

Cesar Vidal al referirse a la compasión indica que es un movimiento de las entradas que lleva a actuar ante las necesidades de los demás. Cala profunda esta declaración, lejos de ser una simple pose o postura social, la compasión mueve desde el interior de la persona, la cual experimenta la necesidad vehemente de ser solidaria, de asumir compromisos de amor, de estar en contacto existencial, de paliar la soledad. Es una realidad carente de cumplidos y de estar al día.

Jesús en su tránsito por la tierra, vivió a la luz de la compasión, compasión ante la necesidad espiritual, ante la necesidad de salud, como también ante la necesidad material de la gente. Se dio por enterado de todo lo que ocurría a su alrededor y mas allá. Sanó, restauró, suplió. Corona a un grado superlativo e inconmensurable su compasión, cuando camino por la vía dolorosa, hacia el calvario, donde murió en la cruz, ofreciendo la máxima expresión de compasión y salvación al mundo.

Es tiempo de que abracemos la compasión, que estemos conectados con hilos invisibles a nuestro Dios eterno, quien nos ha modelado como ser compasivos. No se descarta la posibilidad de que se reduzca la compasión al ofrecimiento económico, esta es una acción elogiable, que pudiera funcional como una via mas expedita. Abrazar la compasión posee otras vías para acceder a la gente y contribuir a mitigar su dolor y desamparado.

Si entendemos que la compasión es un movimiento de las entrañas, algo que fluye desde dentro del ser humano, sobraría una lista de sugerencias aquí. Con el modelo del Dios eterno, ¡nos basta!

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1 Comentario

  1. Felicito esta propuesta, la cual es válida en cualquier tiempo, aún en medio de esta pandemia que pretende aislar a los seres humanos. Contigo, yo también abrazo la compasión pues es parte de la identidad que Dios nos ha dado, aunque se quieran imponer las fronteras y los muros.

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