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Me temo, que no somos tantos!

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Por Duardy Estrella

Reciéntemente se ha suscitado una discusión acerca de cuáles cosas debe considerar un cristiano al votar.

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Esta discusión se origina a propósito del papel de la comunidad cristiana en las próximas elecciones y su capacidad para influir en los resultados de las mismas.

Esto, porque supuestamente los cristianos en nuestro país somos muchos. En ese sentido, se discute si realmente la comunidad cristiana tiene posibilidad de impedir la elección de candidatos con ideologías opuestas al cristianismo.

Pienso, que si partimos de la premisa de que un verdadero creyente tiene convicciones cristianas profundas, que vive y que defiende, quizás no somos una comunidad tan grande como muchos piensan.

El crecimiento que vemos en la Iglesia Cristiana y la gran difusión del Evangelio, nos puede hacer creer que somos muchos. Sin embargo, creo que esta es una comunidad que tiene muchos creyentes que son superficiales, o sea, creyentes sin raíces profundas en el Evangelio y por lo tanto, sin compromisos con la causa cristiana.

Precísamente, eso mismo infiere el autor cristiano Theo Donner al hablar del supuesto crecimiento de la Iglesia Cristiana en Latinoamérica.

Este autor deja entrever en su obra “Posmodernidad y Fe”, que ese gran crecimiento no es real, porque lo que en realidad vemos es una iglesia que se está llenando de cristianos superficiales, o sea, creyentes con un cristianismo que tiene un kilómetro de ancho, pero solo un centímetro de profundidad.

Por eso creo que tenemos una comunidad de cristianos que luce enorme, pero que no lo es. Es una comunidad formada en gran parte, por creyentes con poco arraigo a la filosofía de vida cristiana. Y eso ocurre, porque como dice el propio Donner, estos cristianos superficiales saben que su ideología y filosofía de vida es distinta a la del mundo, pero no saben cual es esa filosofía de vida cristiana.

Como no lo saben, tampoco están seguros de cuales son sus convicciones cristianas. No están seguros de lo que creen, y nadie defiende con pasión una causa en la que no cree fervientemente.

Para ilustrar lo anterior, solo tenemos que ver cómo algunos de los cristianos que manifestaron públicamente su repudio a Netflix por la parodia que se burla de Jesús al presentarlo como un homosexual, muestran empatía con candidatos que promueven de manera pública la homosexualidad.

Eso demuestra una dualidad de pensamiento que indica que son creyentes superficiales, sin profundidad en sus convicciones.

La superficialidad del cristiano promueve esta ambivalencia. Un cristiano que no tiene raíces profundas en el Evangelio, es que como dice Pablo en Efesios 4.13-14, «como un niño fluctuante que es llevado a cualquier lugar, por cualquier viento de doctrina.»

Esta superficialidad se debe en gran medida a la secularización que experimenta hoy la Iglesia por la gran influencia que ejerce el mundo sobre ella.

Pero esta secularización también se debe a la mala enseñanza que reciben estos creyentes de pastores y líderes que también tienen poca profundidad o que son falsos maestros.

Eso hace que muchos no perciban la gran distancia que separa al Evangelio del mundo y por eso viven, consciente o inconscientemente, una vida cristiana con posiciones ambivalentes, esto es, con un pie en el Evangelio y con el otro en el mundo.

Al final son cristianos que se mantienen en la superficie, sin echar raíces profundas en el Evangelio, y sin sentir compromiso con la causa cristiana.

Se han acostumbrado a la comodidad de una vida cristiana tibia.

Una vida que les permite probar lo mejor de ambos mundos. Por eso muchos creyentes creen que son cristianos, pero si observamos su filosofía de vida cristiana y lo que piensan sobre el aborto, la homosexualidad, la ideología de genero, la santidad, etc., nos daremos cuenta de que quizás no son cristianos.

Entonces, ¿por qué asumimos que estos creyentes al votar, lo harán a favor de la causa del Evangelio?

Aunque veamos que la iglesia crece en cantidad, eso no significa que crezca igual en cuanto a convicción y santidad.

Así que, lamentablemente no puedo compartir el optimismo de algunos que piensan que somos una comunidad muy grande y que por ello, tenemos la posibilidad de impedir la elección de candidatos con ideologías distintas a las nuestras.

Repito, nadie defiende con pasión una causa que no conoce o en la que no cree fervientemente.

Así que, aun cuando quisiera equivocarme, no creo que como comunidad tengamos tanta capacidad de influir en las próximas elecciones, porque me temo que no somos tantos.

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3 Comentarios

  1. Creo que no es justo lo que dice, ahora la culpa es de los hermanos, los pastores y los líderes cristianos, y la culpa de los políticos donde esta? Yo vote por candidatos en mi cirscuncripcion a quienes no conocía, sólo porque me dijeron es evangelio, pero los hermanos de otra circuncripcion, que me preguntaban por quien debían votar, no les podía decir, porque no los conocía, tuve que investigar, buscar, preguntar, para suplir la información, de los hermanos, yo creo que los aspirantes, tenían que darse a conocer, entonces creo que la culpa no es solo de los hermanos, también es de los candidatos, vote por Rafael Paz, aunque no lo conozco, y vote por un diputado a quien no conozco, solo porque me dijeron es Evangélico, entonces, creo que, el problema estuvo en que los candidatos no se dieron a conocer, los conocían arriba, pero los de abajo que son la mayoría, no los conocían, espero que para las próximas elecciones, tomen en cuenta, esto, mi humilde opinión

  2. No estoy de acuerdo en la superficialidad de los cristianos que atribuye el escritor en este artículo. El cristiano es fiel a Dios y se nos ha enseñado que las instituciones de este mundo (en este caso los partidos políticos), son cosas pasajeras. Los cristianos están distribuidos en todos los partidos políticos del sistema y yo no puedo cambiar la lealtad de un cristiano de un día para otro solo para que vote por mí por el solo hecho de ser cristianos, cuando he asumido compromisos en la Institución política a la cual pertenezco, eso nada tiene que ver con superficialidad.
    Todos los partidos llevaban candidatos que estaban en contra de los principios cristianos, y los dos que tenían posibilidad de ganar están comprometidos con la agenda contraria al cristianismo. En una situación así usted no puede llamar a un pueblo superficial. Cuando lo contrario, el pueblo cristiano demostró una gran madurez ya que aumentamos nuestros representantes en el congreso.
    En cuanto a la senaduría de la capital el voto cristiano y conservador se dividió en dos candidatos. Que unidos sacaron más votos que el porcentaje de cristianos que tenemos. Entonces el voto cristiano fue consiente con madurez y bien dirigido. Este trabajo comenzó ahora y debemos seguirlo fortaleciendo y no criticándolo porque no me favoreció.

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