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Joven que emigró a Estados Unidos: “Ha sido muy difícil”

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Luis Deurys Quezada ya alcanzó la mayoría de edad y no conoce a su padre, ni siquiera sabe cuál es el tono de su voz, pues lo abandonó cuando aún estaba en el vientre de su madre. Sin embargo, Dios lo premió con una madre fajadora que en base a sacrificios ha podido sacarlo adelante.

La define como su soporte, su ejemplo, y para que ella tenga un mejor futuro quiere seguir superándose a nivel académico. “Ahora es mi turno de devolverle su esfuerzo. Mi mamá ha tenido que ser padre y madre en mi vida, y por eso creo que es quien se merece todos los halagos y todas las recompensas”.

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Luis Deurys proviene de un hogar humilde, por lo que le ha tocado estudiar y trabajar desde que era menor de edad. Nació en San Francisco de Macorís, provincia Duarte, donde vivió hasta el 27 de junio de 2017, día que emigró hacia New Jersey, Estados Unidos, junto a su madre y hermanita, de tres años.

Era un verano caluroso, pero el joven no tenía tiempo para refrescarse. Tan pronto pisó tierra extranjera, empezó a buscar empleo para continuar ayudando con los compromisos económicos, que en lo adelante serían en dólares.

Tras varias semanas de búsqueda, recibió buenas noticias, había logrado un puesto en un negocio de comida rápida. Conforme avanzaron los días, las horas libres de Luis se redujeron al mínimo con su ingreso a la escuela, lo que para él era una prioridad y a la vez un gran reto debido a que no hablaba inglés.

“Fue muy difícil porque tenía que trabajar el doble que otros estudiantes porque tenía que hacer mi tarea en español y traducirla al inglés”.

El español es la segunda lengua más hablada en Estados Unidos después del inglés. Según estadísticas, lo usan aproximadamente 48,6 millones de personas. Sin embargo, el crecimiento en la cantidad de hispanos que hablan castellano se ha reducido, según un estudio del Pew Research Center (PRC) que determinó que a medida que las generaciones de inmigrantes latinoamericanos echan raíces, pierden el español.

Luis estudiaba en Passaic High-School de 7:30 de la mañana a 2:30 de la tarde y entraba al trabajo una hora después hasta las 11:00 de la noche. Pero, su regreso a casa al final del día no significaba descanso, por dos razones: la primera, tenía que ponerse a hacer sus tareas y la segunda porque desde que llegó a Estados Unidos le tocó dormir en el suelo, por casi un año.

“Fuimos recibidos en un pequeño departamento de dos cuartos donde vivía mi tía, su esposo y sus tres hijos. Ya ustedes saben, las habitaciones eran para ellos. Mi hermana y mamá dormían en el sofá y yo cogía una colcha, almohada y la tiraba en el piso”.

A pesar de que le tocaba trabajar, dormir menos y hasta darle masajes a su madre cuando ella llegaba de trabajar con los pies hinchados, Luis se concentró en sus estudios y gracias a su esfuerzo hoy está cosechando frutos.

Las leyes federales de los Estados Unidos establecen que los menores que hayan cumplido 14 o 15 años pueden trabajar, pero sólo en condiciones especiales. A esta edad sólo se puede trabajar en programas de trabajo administrados por las escuelas, programas de exploración vocacional, tiendas al menudeo, trabajos en el sector de alimentos y gasolineras. Sin embargo, hay muchas restricciones que limitan el número de días y horas que pueden trabajar los menores de esta edad.

Terminó el bachillerato con calificaciones sobre los 98 puntos, destacándose con un promedio sobre los 100 puntos en precálculo, que en la educación de Estados Unidos es una forma avanzada de álgebra.

Su sueño es convertirse en “uno de los mejores” ingenieros civiles y retornar a República Dominicana para ayudar a construir “la mejor obra que nunca se haya visto en mi país”. Además, quiere superarse para que su madre deje de trabajar en factorías y que tanto ella como su hermana y los hijos que piensa él procrear tengan un mejor futuro.

Sus altas calificaciones lo hicieron merecedor de una beca que le otorga el gobierno dominicano, a través de su consulado en Nueva York, para cursar sus estudios superiores en una universidad de los Estados Unidos.

A los jóvenes les recomienda no dejarse llevar por las malas influencias y que en los momentos difíciles recurran a la familia como soporte, pero sobre todo les exhorta a nunca desenfocarse de los estudios porque a su juicio con una profesión van a ganar más que trabajando en factorías por el sueldo mínimo.

Consecuencias de la migración en la infancia

Según estudios, un niño que es sacado de su entorno de origen y tiene que enfrentarse a un nuevo colegio con un idioma que no domina está expuesto a desarrollar un desinterés en la vida escolar por las complicaciones que supone adaptarse.

Las consecuencias de la migración en la infancia y adolescencia van desde el miedo a quedarse solos hasta el enfado, la hipervigilancia, pesadillas, falta de concentración, sentimiento de culpa, tristeza, rechazo a los desconocidos, entre otras complicaciones, según la Guía para la Intervención con Inmigrantes y Refugiados del Colegio Oficial de Psicólogos de Madrid

Fuente: Diario Libre

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