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Ideología de género

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Dr. José Dunker

Todo comenzó con el ejercicio de distinguir ‘sexo’ de ‘genero’, lo primero se refiere a lo biológico, y lo segundo a lo social, construido desde la cultura predominante.

Esto tuvo alguna justificación por la polarización de la cultura machista: “el hombre es de la calle, y la mujer de la casa”, y por muchas prácticas que se utilizaron como pared de separación, de modo que la mujer, solo por ser mujer, no podía penetrar ciertas áreas.

Aquí apareció el estudio de la doctora Margaret Mead: “Sexo y Temperamento en las sociedades primitivas”, afirmando haber descubierto tres sociedades primitivas contradictorias con el paradigma predominante. En una de ellas los hombres eran suaves, y las mujeres fuertes; en otra, ambos eran suaves, y en otra, ambos eran fuertes, concluyendo que el género es una construcción social. El estadio, sin embargo, no tomó en cuenta que en las tres sociedades el varón es el que maltrata físicamente a la mujer, y el polígamo, aparte de que la sociedad con supuesta inversión de roles eran antiguos cazadores de cabeza, y después de la llegada del colonizador se quedaron sin oficio, lo que provoco que sus atuendos floridos fueran mal-interpretados por la doctora Mead como coquetería. La realidad es que las diferencias de género son influidas por las hormonas sexuales, y debido a eso las mujeres aguerridas y contestatarias suelen tener más testosterona que la mujer promedio, es decir, ¡la diferencia se basa en hormonas, y no solo en variables culturales!

El cambio real, de todas formas, vino con la revolución sexual de los hippies en los años 60’s, cuando una parte del feminismo asumió sus consignas, y luego hizo alianza con el Frente de Liberación Homosexual (1970), para hacer piquetes en los congresos de los psiquiatras en 1971 y 1972, hasta lograr en 1973 la decisión normalizando la homosexualidad. Esto condujo al Congreso de Beijing (1995) cuando formalmente el nuevo feminismo asumió la cuestión de género como consigna política, y de allí vienen los temas de “educación no sexista”, “derecho a decidir”, y “cuotas al congreso” para la mujer. Persiste, sin embargo, el esquema de dos sexos y dos géneros, aunque no necesariamente vinculados.

El paso final es la “identidad de género”, es decir, ¡género es como uno se siente! Si soy varón, pero me siento mujer, mi posición es ‘transgenero’, y es asi como surge la sigla LGBT, como si fueran cuatro géneros alternativos: lesbianas, gays, bisexuales, y tránsgenero, pero luego fueron surgiendo otros ‘géneros’: querr (raro), intersexual, pansexual, heteroflexible, homoflexible, y muchisimas formas mas. El colmo es que Facebook permite hasta 70 opciones de género diferentes, y un representante de Naciones Unidas definió hasta 112 géneros. De aquí vino el problema con los baños: ¿permitir a un hombre transexual entrar al baño de las mujeres porque él se siente mujer?, o, el problema con el documento de identificación, ¿cuántos siglas poner en lugar de sexo?

Este enfoque deviene en totalitarismo cuando decide, por obra y gracia de Naciones Unidas, controlar el sistema educativo para imponer a todos los niños la nueva ideología, cuando, en realidad, la solución es muy sencilla: 1) definir únicamente el sexo en documento de identidad, y que cada cual se ponga los apellidos que quiera, sea transexual, pansexual o raro; 2) tener baños para los que tienen pene, o para los que tienen vagina, independientemente de lo que se sientan ser, y 3) ¡permitir que los padres decidan la educación que quieren para sus hijos!

José Dunker 

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