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Recordando a fray Pedro de Córdoba

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Por Dionicio Hernández Leonardo

Un día como hoy, 4 de mayo de 1521, murió, a los 39 años de edad, fray Pedro de Córdoba, en La Española, hoy República Dominicana. Fue un fraile español de la Orden de Predicadores (Los dominicos), considerado como uno de los primeros evangelizadores en América, quien pasó a la historia, junto a su comunidad, por denunciar los abusos que se cometían en la isla contra los indígenas, en el llamado régimen de Las Encomiendas. Fray Pedro de Córdoba llegó a la isla de Santo Domingo en el 1510, donde estaba la sede de la “Real Audiencia de los territorios españoles en el Nuevo Mundo”. Vino junto a otros tres frailes: 1) Fray Antonio de Montesinos; 2) Fray Bernardo de Santo Domingo;  y 3) Fray Domingo de Villamayor.

Los frailes citados en el párrafo anterior, desde que llegaron a la isla, iniciaron una ardua labor de evangelización, educación y defensa de los indígenas, que estaban siendo abusados y maltratados por los encomenderos. La historia nos recuerda que en la víspera del domingo 21 de diciembre de 1511, fray Pedro de Córdoba se reunió con los demás miembros de la congregación (ocho en total), y redactaron el famoso “Sermón de Adviento”, el cual fue leído por fray Antonio de Montesinos. Dicho sermón constituyó una defensa-protesta en favor de los indígenas. El sermón no fue del agrado del virrey Diego Colón, quien solicitó la expulsión de fray Antonio de Montesinos, pero la respuesta de fray Pedro de Córdoba fue aún más contundente, y en la siguiente semana explicó el contenido de cinco principios que debían respetarse que son, cito: 1) “Las leyes de la religión están por encima de las leyes de los particulares y del Estado”; 2) “No existen diferencias raciales ante los ojos de Dios”; 3) “La esclavitud y la servidumbre son ilícitas”; 4) “Restituir a los indígenas su libertad y bienes”; y 5) “Convertir a los indígenas al cristianismo con el ejemplo”.

Termino esta nota con un fragmento del Salmo 133, leído en el funeral de Fray Pedro de Córdoba, cito: “¡Mirad cuán bueno y cuán delicioso es habitar los hermanos juntos en armonía!”

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