Hillary Clinton aspira a prohibir la libertad religiosa sobre la que se fundaron los EE.UU.

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Esa declaración extremista la hizo la candidata en un discurso en el Lincoln Center ante un auditorio feminista el pasado viernes. En concreto, Clinton se refirió a las creencias religiosas que condenan los “derechos reproductivos”, cínico eufemismo que se usa para disfrazar el aborto provocado. Es decir, que si Clinton impusiese sus pretensiones antidemocráticos, cualquier ciudadano de EEUU podría ser multado por reivindicar el derecho a vivir de los niños y niñas por nacer. De igual forma, los médicos y demás personal sanitario que alegasen motivos de conciencia para negarse a colaborar en la perpetración de un aborto podrían ser objeto de persecución por parte del Estado.Clinton quiere, sin rodeos, que el Estado coaccione al pueblo para imponerle las creencias que ella estime más convenientes. Lo que esta señora pretende tiene un nombre: dictadura.

Las aspiraciones de Clinton chocan con la Declaración de Independencia

Las aspiraciones extremistas de Clinton representan una vuelta de tuerca a las políticas de Obama, en especial a la actual persecución religiosa que ya se desarrolla desde la Casa Blanca, persecución que se ha encontrado con una gran resistencia por parte de los creyentes de diversas confesiones y también con más de medio centenar de sentencias judiciales en contra por cercenar libertades fundamentales, sentencias que dejan en evidencia el proyecto liberticida que se está desarrollando en ese país. Clinton abraza un discurso abortista brutalmente radical, tan radical que implicaría demoler las bases legales, éticas y morales sobre las que se asienta la democracia en EEUU. Basta con leer la Declaración de Independencia de EEUU para darse cuenta de las implicaciones que tendría el proyecto totalitario de Clinton:

“Sostenemos como evidentes por sí mismas dichas verdades: que todos los hombres son creados iguales; que son dotados por su Creador de ciertos derechos inalienables; que entre estos están la vida, la libertad y la búsqueda de la felicidad; que para garantizar estos derechos se instituyen entre los hombres los gobiernos, que derivan sus poderes legítimos del consentimiento de los gobernados; que cuando quiera que una forma de gobierno se vuelva destructora de estos principios, el pueblo tiene derecho a reformarla o abolirla, e instituir un nuevo gobierno que base sus cimientos en dichos principios, y que organice sus poderes en forma tal que a ellos les parezca más probable que genere su seguridad y felicidad.”

Dicha Declaración reconoce que “toda la experiencia ha demostrado que la humanidad está más dispuesta a sufrir, mientras los males sean tolerables, que a hacerse justicia mediante la abolición de las formas a las que está acostumbrada. Pero cuando una larga serie de abusos y usurpaciones, que persigue invariablemente el mismo objetivo, evidencia el designio de someterlos bajo un despotismo absoluto, es el derecho de ellos, es el deber de ellos, derrocar ese gobierno y proveer nuevas salvaguardas para su futura seguridad.”

El plan de Clinton implicaría violar la 1ª Enmienda

Así mismo, la 1ª Enmienda de la Constitución de EEUU, aprobada en 1791, señala:

El Congreso no podrá hacer ninguna ley con respecto al establecimiento de la religión, ni prohibiendo la libre práctica de la misma; ni limitando la libertad de expresión, ni de prensa; ni el derecho a la asamblea pacífica de las personas, ni de solicitar al gobierno una compensación de agravios.”

De las citas anteriores cabe deducir que lo que pretende la candidata demócrata, por tanto, es prohibir el ejercicio de un derecho amparado por la Constitución de EEUU. Para encontrar un país donde las confesiones religiosas tienen que adaptar sus discursos a los dictados del poder o verse empujadas a la clandestinidad hay que irse al otro lado del mundo. Y es que lo que propone Hillary Clinton es lo que hace la dictadura comunista de China, un país donde las únicas creencias religiosas que se pueden sostener dentro de la legalidad son las que dicta el régimen, y donde los niños por nacer son víctimas de una absoluta desprotección legal por parte del Estado.

La ONU, con el apoyo de Obama, apoya los abortos forzados en China

Clinton no es la primera dirigente política que apunta a China como un modelo a seguir. En eneroChristiana Figueres, Secretaria Ejecutiva de la ONU sobre el Cambio Climático (CMNUCC), puso a la dictadura comunista asiática como el mejor modelo contra el cambio climático. Se da la coincidencia de que en una cumbre celebrada en 2011 en Sudáfrica, Figueres afirmó la necesidad de vincular la lucha contra el cambio climático a los ya mencionados “derechos reproductivos”,es decir, a la promoción del aborto. En este sentido sus elogios a China no cabe enmarcarlos simplemente en un reconocimiento a la supuesta aportación de ese país al medio ambiente (algo cuestionable teniendo en cuenta los desastres ecológicos provocados durante décadas por ese régimen), sino también a la política de abortos forzados que viene desarrollando la dictadura china desde hace más de tres décadasuna política con la que viene colaborando la ONU a través del Fondo de Población de las Naciones Unidas (UNFPA), acusación dirigida entonces por la administración Bush, lo que motivó que EEUU retirase su aportación a la UNFPAaportación que Obama reactivó eliminando toda crítica a los abortos forzados en China.

Clinton elogió como modélico el programa que apoya los abortos forzados

Hay que señalar que siendo Secretaria de Estado con Obama, en 2010 Hillary Clinton elogió repetidamente al UNFPA como un programa modélico, y eso mientras el UNFPA servía para apoyar los abortos forzados en China. En 2014 un congresista estadounidense denunció que cuando Hillary Clinton era Secretaria de Estado, en el marco de una audiencia le preguntó si habían tratado la cuestión de los abortos forzados en una reunión con el entonces presidente chino Hu Jintao. Hillary “se negó a contestar”, afirmó el congresista.

Un crimen contra la humanidad financiado con dinero del contribuyente

Hay que recordar que la práctica de abortos forzados fue considerada como un crimen de guerra y crimen contra la humanidad en los Juícios de Nüremberg, después de la Segunda Guerra Mundial. Durante ese proceso se señaló que incluso la realización de abortos no forzados con el objetivo de conseguir la desaparición de una población determinada -como polacos o rusos- entraba en la categoría de crimen contra la humanidad. Ahora esos crímenes contra la humanidad se financian con dinero del contribuyente y, además, Clinton pretende imponer la censura a todo el que se oponga a ellos. Como en la China comunista.

Fuente: http://www.outono.net/

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