BIOGRAFIA DE RICARDO MONTANER

Hijo de padres argentinos, Héctor Eduardo Reglero Montaner nació y pasó los primeros años de su vida en la provincia de Buenos Aires, Argentina, para mudarse a Venezuela antes de entrar en la adolescencia.
Su padre Eduardo, técnico en telecomunicaciones, aceptó una oferta de trabajo en el vecino país sudamericano y trasladó a la familia. “Me tocó cambiar de país. De próceres. De amigos. De estaciones”, reflexiona. “Ese cambio en mi vida me marcó mucho. A un chamo lo sacas de su ambiente, y es muy duro”.

Para hacerle frente a la nueva realidad, el pequeño Montaner combatió las inseguridades de la adolescencia volcándose a la música y al deporte.

“Estudié en el colegio de los claretianos y le metía a cualquier deporte, y aprendí de manera autodidacta a tocar la guitarra y la batería. La música me dio seguridad”. Canalizó su creciente interés por la música a través del coro de su iglesia y de grupos a los que perteneció con amigos, bandas de rock y pop como Los Correcaminos y Scala. Fue en esta última agrupación cuando, a los 17 años, pudo conocer a un productor que reconoció su talento, lanzándolo más adelante como solista con un sencillo llamado Mares en 1978.

Recuerda Montaner, con su característico buen humor, sobre esa primera grabación: “Ese es un disco que nadie compró y que sólo yo guardo para regalar a mis verdaderos amigos”. Pero el momento fue decisivo en su vida. Estudiante de periodismo, Montaner descubrió que no tenía que escudarse tras nadie más. Y, alentado por un profesor, encontró el camino que buscaba.

A los 18 años, Montaner ya tenía la responsabilidad de un hijo y un título de la universidad de la vida. Una década después, con demasiados intentos infructuosos encima, sin hallar la oportunidad que anhelaba, se dio un ultimátum.
“Me dije, si en dos años, cuando cumpla 29, no termino con un contrato bueno, me retiro”. Afortunadamente, no hubo necesidad de eso, pues la oportunidad llegó. Montaner cantó en un reinado de belleza en Venezuela, y cautivó los corazones de casi 20,000 personas. Así lo descubría el presidente de su primer sello discográfico.

La fortuna del cantante continuó tras el éxito del tema Yo que te amé, del álbum Ricardo Montaner 1 de 1986. Esa producción dio a conocer el nombre de Montaner en mercados claves de Latinoamérica. Mercados que hoy todavía lo reclaman como suyo.

Ya para 1988, con el álbum Ricardo Montaner 2, y con una intervención suya como actor en la que entonces fuera la telenovela más vista de Venezuela, Niña Bonita, se consolidaba el ascenso meteórico del artista.

Los discos, los éxitos, y los galardones eran imparables: en 1990, Montaner lanzó el álbum Un toque de misterio; en 1991, En el último lugar del mundo. Ese mismo año ganó el premio Gaviota, máximo galardón del famoso Festival de la Canción en Viña del Mar, Chile (de hecho, del Festival de Viña, Montaner se ha llevado todas sus preseas: la Antorcha de Plata, la Antorcha de Oro, y la Gaviota). También el galardón de la revista Billboard, como Cantante Masculino del año. En el 92, su tierra venezolana lo celebraba por primera vez como mejor intérprete del país con el premio Meridiano de Oro, galardón que le han otorgado innumerable veces a través de los años.

Y es que, no importa cuán difícil o exigente sea la plaza, desde el Auditorio Nacional de México hasta el Madison Square Garden de Nueva York, Montaner el ciudadano del mundo planta bandera y conquista. Sin artificios de ninguna clase, sus presentaciones siempre abarrotadas, las han disfrutado más de un millón de espectadores en todo el continente.

En Puerto Rico, por ejemplo, la fiebre Montaner prácticamente no cesó durante los conciertos del artista en el 2003. Lo que comenzó en junio como una corta temporada de conciertos en el Bellas Artes, para promover su álbum “Prohibido Olvidar”, se convirtió en una verdadera revelación de la taquilla en la historia del espectáculo en Puerto Rico (record histórico de 18 presentaciones según el periódico El Nuevo Día). El furor también se extendió a otras plazas visitadas por el intérprete, como México, Ecuador, Costa Rica, República Dominicana, Chile y Panamá entre otros y que continuará en el 2004 incluyendo ciudades de Estados Unidos como Los Ángeles, Chicago, Nueva York, Boston, y Miami.

Incansable y prolífico en su obra como cantante y compositor, y al igual filántropo y solidarizado con las causas sociales, por lo cúal en 1992 Montaner dedicó su producción Los hijos del sol a los niños deambulantes de Latinoamérica. Así, conmovido por la trágica situación de sus vidas, fundó entonces la entidad benéfica del mismo nombre con miras a ayudarlos. “Yo vivo continuamente insatisfecho, siempre preguntándome si he hecho lo que he podido para ayudar a la juventud latinoamericana. Con esta inquietud fundé “Los Hijos del Sol”, dice Montaner.

La labor benéfica del artista comienza a extenderse también a su hogar adoptivo, Miami. En febrero del 2004, Montaner, apoyado por la Academia Latina de las Ciencias y Artes de la Grabación, ofreció un concierto en la escuela Belén Jesuit Preparatory con el fin de recaudar fondos para la creación de becas que ayuden a 25 estudiantes con necesidades financieras a completar un año de estudios en esa institución educativa.

En 1994, salieron al mercado las producciones Ricardo Montaner y amigos y Una mañana y un camino. Tras Viene del alma en 1995, el artista entró a niveles aún más elevados al firmar contrato con la empresa discográfica multinacional Warner Music International.

De esa nueva relación han surgido más producciones musicales que han cosechado un sinfín de éxitos. Es Así (1997), Ricardo Montaner con la London Metropolitan Orchestra (1999), Sueño Repetido (2001), Suma (2002), Prohibido Olvidar (2003), London Metropolitan Orchestra 2 para el verano 2004.

En 2005 Todo y Nada, la nueva apuesta musical de Ricardo Montaner bajo su nueva casa disquera EMI Music Latin contiene un espectro que va desde la balada contemporánea hasta canciones más movidas en la que resaltan ritmos provenientes de su país de crianza; Venezuela. y ahora “Las mejores canciones del Mundo (2007)

Y de la mano de Montaner, sus fanáticos de todas las generaciones, y el público nuevo que cada día lo descubre a través de sus discos y giras de concierto, seguirán siendo cómplices de aquel diálogo que juntos comenzaron hace muchos años, cuando un chico que llegaría a llamarse Ricardo Montaner, decidió que la poesía y el canto serían fuente de vida para él.

No hay comentarios